Faltan 42 días

faltan 42 días
y estoy más seguro que nunca 
que estas cartas jamás llegarán

ahí las veo empinándose 
una detrás de la otra
en la oficina de cartas muertas 

hasta que el ciego ventile su sueño, decía la abuela 
el resto tendrá que soportar
largas noches de pura glotonería 

si descendí a la tierra enterrada
fue porque quise ver
lo que el señor Creosote ve

ver cómo almacena sus alimentos
quién le da de comer
ver cómo evacúa tanta mierda

en vez de leer

de niño la abuela me castigaba por mirón
ella decía que había nacido con el mal de ojo 
puesto al través

quizá por eso siento escalofrío 
cada vez que veo una cruz en el camino
quizá por eso cierro los ojos

sin embargo
una cosa es cerrar los ojos viendo
y otra, abrirlos para seguir sin ver 

que las cosas, como las cartas, se apilan
cuando descuidamos el atardecer
–pero a veces es demasiado tarde

hoy, por ejemplo, cuando tragaste hasta el amanecer 
hagas las flexiones intelectuales que hagas 
tus ojos se cerrarán sin ver 

mañana, cuando la alarma, alguien dirá qué fue 

la oscura hora será la respuesta
y entonces sentirá que algo en él se fue 
devolverse la luz será su objeto

convertirla en cambio, su legado.

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