Esta tierra no pidió ser mía

esta tierra no pidió ser mía
yo, que casualmente nací en ella, me atribuí esa potestad
y la hice mía
y le di mi apellido
y alcé la voz
y a veces un arma
para defender su honor
como si fuera el mío
¡aquí vengo!
y me fui
silbando por los montes
pateando al caballo

fue en ese trance 
que conocí a Juan Montalvo
el del primer viaje
el que se tardó tres meses en abandonar el peligro 
y cruzar la frontera 
todas las tardes la misma cantaleta
de la distancia y otros fenómenos naturales 
que de Ambato a Quito un sinnúmero de leguas
que de Quito a Tulcán quizá unas 30
que de ahí a Ipiales solo cruzar la frontera
el hombre y sus números pensé
hasta que una tarde noté el peso de su tristeza

nos habíamos arrimado bajo un árbol para esperar que escampe
yo había sacado mi armónica para alivianar el viaje
y él, una libreta de apuntes personales
qué escribe, le pregunté
nada, una que otra cosa
y por qué anda triste   
porque a mi amigo no le veo, solo le he visto a usted
qué amigo
uno
y luego de un instante: el Eloy
pero si usted me ha dicho que lo más importante es ser libre
sí, desde luego
lejos de cualquier atadura, por más bondadosa que esta fuera
de acuerdo
y entonces
entonces qué
dígame usted
no usted
no usted
no usted…
no sé a qué hora me habré quedado dormido luego de tanto frío
sin embargo cuando desperté él ya se había ido
así que hice lo que cualquiera hubiera hecho en dichas circunstancias 
salí con mi montura pensando en el número de leguas que aún faltaban
de pronto observé un bulto gris que se dejaba acarrear en la distancia 
cuando me acerqué le dije oiga qué le pasa
pero fue ahí que finalmente me desperté

hoy 
148 años más tarde
qué puedo decir yo
hoy, aquí
que por qué no le ayudó como es debido
que por qué no fue un mejor amigo
si en efecto los dos fueron cómplices y encubridores del suelo defendido
Alfaro con sus puños
Montalvo con sus letras

hoy 
148 años más tarde
solo hay puños
y no los de Alfaro

hoy
esos equivalen a barbarie, diría el entendido
respeto, amor a palos
he aquí ecuatorianos
en qué extremo de miseria habéis caído, preguntaría Montalvo

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