(Un cuento de no creer)

cuando se conocieron
todo fue de maravilla
las promesas fluían
y las sonrisas también

el testigo fue el cerebro
que adornaba la sala
una hermosa cosita 
un cactus de ensoñación

fue la mejor prueba 
de una idea brillante
convertida en pacto
y además de fácil cuidado

todos los viernes tarde
una copita de agua
para mantener en firme
el abrazo consensuado

hasta que un día
la joven protestó
por todas las pulsaciones 
en contra de su dignidad

en contra de qué, grito él
y la mandó a callar
cuando retornó la calma
el testigo habló

a ti te he escuchado, dijo
queriéndola vender
pero yo qué sé, añadió
si solo soy una planta

maldito cerebro, grito él
arrojándolo por los aires
entonces se lanzó sobre ella
y la hizo suya

ella recogió sus golpes
y se fue
al entrar al pueblo sintió algo
porque al fin notó el atardecer

cuando llegó a casa entendió
que su alma se había roto
porque su verdor 
había cambiado de color 

a su hijo le llamó “cerebrito”
en honor al pacto, dijo
y añadió que la palabra 
la palabra debe ser sagrada 

por su parte él
él dijo y redijo
que la patria ya es de todos
y por supuesto la selva también

enfrascado como un mosco
se limitó a volar
entre quienes le aplaudían
en medio del vacío

no, ellos no yacen unidos
eso sería soñar
en el pacto inexistente
o la distancia que une 

jóvenes soñadores
viejos impostores

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